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sábado, 15 de febrero de 2014

Rufi Gastón y Graciela Villalba

Ellas son “Rufi” Gastón y Graciela Villalba. 

Rufi fue la compañera de Aldo Ramírez, (el “gordo La Fabiana”), mientras que Graciela es la hija de Mauricio Villalba, ambos desaparecidos, trabajadores de Astilleros Astarsa.  Estos astilleros estaban en Tigre, construían y reparaban locomotoras, barcos, máquinas industriales y tractores.  Llegó a tener 1500 trabajadores. Entre mediados de 1974 y fines de 1975, en el marco de un clima represivo creciente que incluyó el secuestro y asesinato de militantes vinculados a ASTARSA, los enfrentamientos con la patronal se intensificaron mientras que la empresa adoptó una posición cada vez más intransigente ante las demandas obreras. Este proceso desembocó en la intervención del sindicato. El 24 de marzo de 1976 fueron detenidos sesenta obreros de Astarsa en el acceso a la planta en un operativo del Ejército. Según testigos del acontecimiento, la empresa colaboró suministrando datos y a partir de entonces se produjeron numerosas desapariciones y asesinatos de obreros navales. La represión alcanzó también a las familias de los trabajadores.
En esta charla, Graciela y Rufi nos cuentan el estado del juicio de navales, la importancia de que participe como querellante la mayor cantidad posible de familiares, lo fundamental de unificar los juicios para conseguir sacar a la luz la colaboración civil con la dictadura.  Además, se rescata lo que tratamos de hacer siempre en este espacio: el carácter profundamente humano y solidario de la mayor parte de la militancia de esos años,

Alfredo More: Queremos saber de parte de Uds. qué está pasando con los juicios de Astarsa.  Hace mucho tiempo que venimos escuchando que se va  a hacer.
Graciela Villalba: Nosotras nos preguntamos lo mismo, creo que este es el juicio más retrasado que hay. Yo presenté querella por mi papá, Mauricio Villalba, a fines de 2007, y en febrero de 2008 me llamaron a declarar por primera vez, ya tiene sus años.  Ya está elevada a juicio oral y todo, pero no tiene fecha aún.  Si empezara en este momento el juicio, quedan afuera un montón de navales.  Por eso se volvió a postergar, porque la idea es juntarnos con ceramistas, con gente de Ford, y ver si podemos presentar todo en un solo juicio, que incluiría todas las causas de trabajadores de Zona Norte.
AM: ¿Por qué creen mejor un juicio unificado?
GV: Si bien el juicio sería más largo, tenemos que los imputados son siempre los mismos, por eso está tratándose de buscarle la vuelta al tema.  Queremos que vayan también los dueños de las empresas.  En la causa de navales el único imputado hasta ahora es Riveros.  Porque Verplaetsen ya está demente. 
Rufi Gastón: Hay gente de la prefectura también.  De Mastinú se presentó todo cuando se hizo el juicio a las juntas, (1985), pero no llegó.  Porque después pararon no sé por qué.  El primer juicio de navales se hace en Italia, a través de un pedido que se inicia por dos personas de esa nacionalidad, trabajadores.  Empieza en 2000 en Italia, Martín Mastinú (Astarsa) y Mario Marra (Mestrina).  Ellos eran cuñados.  Fuimos invitados a participar en ese juicio como familiares, porque Aldo estuvo en el primer secuestro de Martín, en noviembre de 1975, entonces los italianos empiezan la causa desde ahí.  Fueron como testigos Luis Venencio, Jorge Velarde, Juan Sosa, Santina por su esposo y su hermano y yo.  Cuando nos presentamos les abrimos un abanico: el secuestro se da porque ya venían amenazados y habían perdido dos compañeros en el 74, ellos secuestrados en el 75;  que los secuestran y los largan.  Luego siguieron las amenazas, hubo fusilamientos de tres navales más y la esposa de uno de los trabajadores.  Y así llegamos al 24 de marzo y también contamos que a través de la persecución que se hace buscando a los referentes, Martín y Aldo también, porque en ese momento él estaba en la agrupación gremial, era secretario.  Bueno, todo eso contamos allá en Italia y cuando nuestra ponencia llega a Buenos Aires, yo me presento en la Subsecretaría de Derechos Humanos como querellante para la megacausa, porque encuentran dentro de las cosas que entran al tribunal de Comodoro Py,  la causa de un naval, Martín Toledo; esta es la que queda en la megacausa, yo trato de incorporar mi querella ahí, porque Toledo también formaba parte de la agrupación naval Alessia.  Y a partir de ahí empecé a dar mi testimonio en la Subsecretaría para cuando comenzara el juicio ese, que bueno, fue quedando.  Cuando Graciela se presenta también como querellante, yo formo parte asimismo de su querella como testigo.  Así empezamos a trabajar para ver si otros se presentaban como querellantes.  Esto nos costó, estuvimos hablando con las familias para saber si querrían presentarse.  Yo hablé con el hijo de Zoilo Ayala, pero él no podía presentarse, había tenido un episodio de amnesia.  El hijo de Martín Toledo sí, él es querellante.  Hace un tiempo la Subsecretaría nos informó que ellos se van a presentar como querellantes, por todos aquellos desaparecidos navales cuyos familiares no se presentan como tales.  Yo en su momento decía, aparte de Adrián Toledo, no se presentaba nadie.  Hablé con los Ayala, con Rivas, no querían.  La hermana y la madre de Caamaño sí, ellas se presentaron en el juicio de España; ese juicio lo traen acá. Verónica, la hija de Caamaño, sabe que a su tía la van a citar, la abuela creo que ya murió.  El juicio va a incluir: Mestrina, Astarsa, Cadenaci por Andrés Ayala, Aquamarine por Luis Cabrera, Forte por Alemann, Costaguta por Francisco Casas y Pagliettini por dos hermanos Tello, de La Plata, que estaban trabajando acá.
AM: Entonces la Subsecretaría se presenta como querellante porque las familias no quisieron hacerlo.
RG: Claro, porque si no se vence el tiempo para iniciar acciones legales.  Hace mucho que veníamos con otros compañeros que veníamos pidiendo que se presentaran, pero no logramos convencer a nadie.
GV: Mariana Boncio, la hija de Juan Ignacio Boncio, de Mestrina, está en otra causa, en ESMA. 
RG: Pero Boncio entra también en navales.  El tema con él es que su madre, Ana, que donde había un grupo de gente se metía, se presenta con un grupo de familiares, cuya representación ejercía Graciela Fernández Meijide.   Mariana quería ser querellante, puede ser que entre ahora.
Cuantos más querellantes haya, más se impulsa el juicio.  Ahora, a mí me parece importante que entraran ceramistas, Ford y otros, no solamente porque ya entraríamos en la denuncia de los civiles; sino porque con todos pasaba lo mismo: primero la Comisaría de Tigre, pasan un tiempo ahí y se los llevaban a Campo de Mayo, se los repartió en distintos lugares, vuelven a la comisaría de Tigre.  Todo ese circuito de los compañeros trabajadores de la zona, Escobar, hasta San Fernando, es siempre igual.  Ex detenidos desaparecidos de Ford aseguran haber visto a navales.  Y hoy ya se está en condiciones de poder saber qué comisario estaba ahí.
GV: Sí, además no hay uno que no escuchemos que ha pasado por Tigre.
RG: A partir de María del Carmen Pérez, de Frigor, también otra señora docente que dice haber estado con la mujer del tano Mastinú.  Creemos que es la mujer de Echeverría.  La mujer de Mastinú estuvo una vez en Tigre y otra vez a Coordinación, que es donde lo encuentra a él.  En el segundo secuestro al Tano no lo traen a Tigre, a lo mejor sí.  Las cosas se van juntando ahora, el otro día Maco Somigliana, (del Equipo Argentino de Antropología Forense) comentaba que si hay ascensor, es Coordinación Federal.  Por eso pensamos que a la mujer del Tano la llevaron ahí. 
AM: Tenemos un compañero, Luis Pérez, que fue detenido en mayo del 76 cuando llevaron a tantos del barrio, que estaba seguro de haber estado en un ascensor.  Pero a él parece que escuchaba ruidos y lo pusieron en una sala de máquinas y escuchaba gritos de chicos que jugaban al fútbol, que podría haber sido el campo de deportes del Raggio, al lado de la ESMA.  Pero también dice que lo largaron en Capitán Juan de San Martín y Panamericana, luego de un viaje corto, por lo que piensa que estuvo en el batallón 601 de Avenida Márquez en Boulogne. 
GV: Se está investigando si hubo detenidos en el 601. 
AM: Lo que Luis Pérez dice es que en una sesión de tortura lo llevan delante de Mingo Flores, el otro compañero que sigue desaparecido.  Contó que les sacaron la capucha a los dos y que Mingo les dijo que Luis no tenía nada que ver, que no estaba de acuerdo con la organización, que sólo les prestaba la casa.  Luis piensa que por esa declaración de Mingo él sobrevivió.  En esos días también se habían llevado a mis hermanos.
RG: También de Rubén Almirón dicen que estuvo en la ESMA.
AM: Es muy difícil juntar todos los datos.  Por ejemplo, Walter, que declaró por la causa de la comisaría de Tigre, detenido en Frigor, cuenta que en un momento lo pusieron en un calabozo grande con un montón de otra gente, sin capucha ni nada.  Estuvo conviviendo más de 20 días con ellos, pero no puede recordar ningún nombre, nada.  
RG: A veces se anulan.  Hay que ver si se decían los nombres. Por esto es importante que los juicios se hagan todos juntos.  A mí me parece porque los testigos somos muy pocos, por tanta gente…Y todos han estado en la zona, en los mismos lugares.  Cuando fui la última vez a testimoniar me preguntaban por un Machado, y resultó ser que el hermano había ido esa noche a una casa y se lo llevaron también.
AM: ¿Se sabe de algún desaparecido de Wobron?  Porque una de las mujeres de Frigor, comenta que ella lloraba mucho, no recuerda si en la comisaría o en Campo de Mayo, y se le acercó un pibe, que le dijo: “Flaquita, no llorés más, ya va a pasar esto.  Te pido un favor, si vos salís antes, avisále a mi familia, soy tal (y no se acuerda), delegado de Wobron”. 
RG: Yo de Wobron sabía de una chica, pero no sé en qué lugar trabajaba.  Ella tenía a su novio que militaba con nosotros en Rincón.
AM: ¿Y qué testigos se buscan en la causa de navales para la querella?  Porque el otro día se acercó en una peña, un muchacho que trabajó muchos años en la cocina de Ford, y contaba que no me había llamado nunca pero que tenía ganas de hacerlo, porque había pasado la dictadura trabajando allí.
RG: Sirve que cuenten lo que vivieron, porque el jefe de seguridad de Ford era una persona puesta por la CIA, Civilla, hace muy poco que murió.  Después estuvo de jefe de seguridad en la Embajada de EEUU.  Cuando salió la foto de él cuando murió, muchos lo reconocieron.  Si por ejemplo en el caso de Tito Ramallo, lo que él cuenta, la persecución que ha tenido la gente que trabajaba adentro de Astarsa, desde el 24/3 hasta pasado el ’83, que seguía pasando en democracia, había servicios adentro, eso te lo cuentan todos.  Yo lo escuché por Laucha, que nombra los mismos que nombró Ramallo, Sarli aparece por todos lados.  Cuando fui a testimoniar, el fiscal nos decía que si nosotros conseguimos que nos cuenten las cosas que pasaron dentro de las fábricas, a ellos les sirve como elemento, porque relata cómo la gente vivió durante tanto tiempo en un estado de presión, fue sometida a una presión que deja secuelas, además de todo lo que hizo Astarsa de no pagarles, suspenderlos, los tenían una semana y los volvían a suspender, hasta que se cansaban, se iban a trabajar a otro lado y nos les pagaban nada.  Eso lo hizo hasta que presentó quiebra, en el 84/85.  Pero hay mucha gente que la fueron desgastando y se tuvieron que ir.
AM: A este muchacho de Ford lo vamos a ir a ver, porque quiere hablar.
RG: Es interesante, porque se va reconstruyendo lo que fue el tejido social en ese momento.  Además, hoy lo que te permite es la seguridad de saber que los juicios se están haciendo, algunos estarán muertos, pero otros… Los que estaban en la comisaría de Tigre, desde el comisario hasta el último agente, se los puede denunciar.  Ahí por grado, pero bueno, porque seguramente, no todos los canas, se sabe que hubo algunos que sacaban información hacia afuera para los familiares.  En el caso de Boncio era así, tenían las notitas que iban sacando.  En el caso de Boncio yo siempre recuerdo a sus padres, Ana y el marido, que lo buscaban.  Ellos fueron la única pareja que yo recuerde, que iban los dos.
AM: Blanca (la esposa de Boncio) contaba que ella buscó dos o tres meses, pero que tenía a Mariana chiquita y el padre la bancaba, pero un día no pudo más.  Y dice que ella entonces fue a lo de su suegra  y le entregó todo lo que había hecho, eso es lo que ella nos dijo. 
RG: Con la familia Ayala a mí se me complicó.  Blanca es prima de Zoilo Ayala.  Yo les tenía mucho cariño, hacían fiestas, con bailes, yo iba siempre.  Una de las chicas de la familia a mí me reconoció de cuando yo estaba en la  capilla, que hacíamos kermeses.  En el verano yo iba a trabajar a una especie de mercadito chiquito en Rincón, por Santa María, frente a la iglesia, a una panadería.  Yo era amiga de la hija del dueño.  Entonces yo iba a laburar todos los veranos, para reemplazo de vacaciones.  Y una de los Ayala me reconoció de haberme visto ahí.  Yo vivía a ocho cuadras de la casa de ellos.  Yo siempre digo que tres cuadras más de donde yo vivía, me cambió la vida a mí.  Si yo hubiese conocido a toda esa gente…Cuando yo me casé con el gordo, él venía militando de muy chico, pero cuando fui a trabajar haciendo militancia en Rincón, yo pensaba, era a tres cuadras de mi casa, y era un mundo totalmente distinto, a mí se me abrió todo, lo más fuerte que yo viví en mi vida, lo viví ahí en Rincón.  Porque era un barrio que se estaba haciendo, de trabajadores, en su mayoría de los astilleros o aserraderos.  Gente de trabajo, muchos provincianos.  La familia Ayala habían venido todos de provincia, con otra familia, también estaba Toledo, que era medio pariente de los Albornoz, que también es un desaparecido.  Eran todas familias que casi todas tenían su desaparecido.  A partir de allí me fue muy difícil, por el miedo que les provocó toda esa situación.  Creo que lo más traumático que les pasó fue cómo entró en Mestrina el ejército.  Porque Astarsa ya es un astillero más grande, con ingenieros, una estructura de personal jerárquico y todo eso.  Mestrina, al ser más chico, los trabajadores tenían contacto con los dueños.  Y yo creo que siempre, por lo que escucho, fue mucho más fuerte ahí en las “colonias turcas”, como le decían ahí donde estaba Mestrina…
AM: Pero por lo que vos decís, se desintegró eso que pasaba en Rincón, entonces.
RG: Y sí, además, yo le digo a la gente, que fue un lugar de trabajadores que querían crecer, que se fueron acercando, no es que nosotros íbamos a hablar con ellos.  Los vecinos venían.  Yo trabajaba con las mujeres de los navales, íbamos a charlar, les contábamos por qué luchaban los compañeros, qué estaban pidiendo, para qué les servía a ellas la lucha de los maridos.  Muchas se habían venido para acá de su provincia, para trabajar, habían conocido al que era el marido y eran amas de casa en ese momento.  Se iban haciendo sus casitas.  Después tuvieron que ir a laburar por horas cuando sus esposos desaparecieron. Además el ejército entraba y permanecía en esos lugares.  En el ’74 también pasó, (que nosotros no nos dábamos cuenta y no sé  si deberíamos habernos dado cuenta), habían alquilado casas los del ejército y había muchos servicios.  Entonces, cada casa estaba ya con alguien que buchoneaba.  Por eso después fue tan fácil.  Con el tiempo uno se da cuenta, porque los mismo vecinos, decían mirá, este era policía pero trabajaba en Capital; aquél era de Prefectura, hasta los mismos parientes de ellos que eran de la Prefectura, tuvieron que cortar el lazo familiar.
GV: Nosotros tenemos un padrón de civiles que colaboraron con los servicios.  Cantidades, amas de casas.  Hacían de todo, les decían alquilá una casa en tal lugar y vigilá a los de enfrente, cuándo entran, cuándo salen, si viene gente, y así.
AM: Eso te provocó después un rechazo con la gente de Rincón, todo lo que pasó.
RG: Mirá, yo hoy lo entiendo de esta manera: ellos se tuvieron que quedar en el barrio, yo me pude ir.  Después que al Gordo, en el ’75, lo secuestran, yo en diciembre me voy y no volví.  Por una cuestión de seguridad, no podía estar ahí.  Y yo creo que eso también, ese abandono, el haber estado todos juntos y cuando empiezan a separar a los compañeros, yo no podía volver, yo con la mujer de Zoilo me encontraba en otros lados.  Y además, ellos sabían que yo era de la organización.
AM: Esto le pasó a muchos compañeros que fueron secuestrados, después cuando volvían a su lugar, había como un rechazo porque los veían como culpables de lo que había tenido que pasar la familia.  Eso creo que fue una de las cosas más tristes por las que se tuvo que pasar.
RG: Más bien, ¡qué te parece! 
GV: A Luis Venencio le pasó eso, cada vez que nos veía a mí y mis hermanos, decía siempre, por qué yo quedé y a mi viejo, que tenía seis hijos, le tuvo que pasar esto… El Gallego también lo confesó el otro día, cuando colocamos la baldosa por la mamá de Horacio Pietragalla, dijo que creía que ese día recién se iba a sacar la culpa de por qué él había quedado vivo y los demás no.  Había muchos chicos jóvenes, y él les contó la historia del padre de Horacio. Ahí se dio cuenta de que tiene que contar todo lo que pasó, quiénes eran los compañeros, para dar testimonio de todo, eso lo tiene que hacer porque él quedó vivo.  Date cuenta que hace una semana que lo pudo decir. 
RG: Además, las primeras fichas para armar el Partido Auténtico salieron de Tigre, de ahí, de Rincón.  Cada trabajador que vos le pedías que se afiliara, te ponía a la mujer, al suegro…
AM: En eso fuimos bastante ingenuos ¿no?  No se alcanzó a ver la infiltración que tenía la organización.  Inclusive éramos muy abiertos, cuando venía alguien que parecía un compañero, uno volcaba y daba todo lo que podía.  Por eso, todo eso de las fichas, nosotros también teníamos en el barrio, y estábamos contentos de tener todo eso, no imaginábamos que en seguridad iba a ser mortal.
RG: Ahí no tomamos conciencia, en tan poco tiempo ya teníamos el partido.  Nos dejaron hacerlo porque después sabían que ellos iban a venir.
AM: Yo me acuerdo cómo nos llamaban, ahí vienen los “tirabombas”, y no todos éramos así.  Y a los primeros que eliminaron fue a los del Partido Auténtico.
S: Vos dijiste, Rufi, que te fuiste.  ¿Del país, de tu casa en Rincón?
RG: Yo me crie en Rincón, cuando me casé me fui a vivir a Villa Adelina, en la casa donde había nacido mi compañero y después, a fines del ’74, que vinieron a buscarlo por primera vez las Tres A. Eso también es una espina dolorosa, es algo que a mí me costó muchísimo, porque después de la desaparición del Gordo… Yo me quedé en la organización hasta fines del ’77, después de ahí, andábamos solos, perdidos.  A mí me quedaba todo ese dolor de saber que esa gente que estuvo ahí en las Tres A, seguían intactos, vivos, ¿no?  Caso Ruckauf, toda esa gente…Yo por mucho tiempo, qué iba a votar al Peronismo, ni en pedo.  No voté a Luder, a Menem, no, traidor de mierda, si yo ya sabía que cuando él había sido gobernador en La Rioja, con muchas banderas de los Montoneros, pero después, como todo.  Y le andaba llevando flores a Isabelita.  Yo soy peronista, pero no me puedo comparar, tengo esa mirada.  Yo no tengo raíces peronistas, mi vieja era radical, antiperonista.  Empecé a conocer el peronismo a través del Gordo.  Empecé con él a conocer lo que era alguien que entregaba a una causa su tiempo, su vida.   La primera vez que cayó preso él tenía 18 años, y no sabía cuánto iba a estar, si uno, dos o tres años.  Estaba seguro que terminaba en la  cárcel, pero él iba contento.  El Gordo fue parte del grupo que fue a las Malvinas, mirá qué comienzo de militancia, con grupos de distintos orígenes.  Él tenía 17 años, cuando estuvo allá con Dardo Cabo y los otros, recién empezaba.  Entonces yo, sin conocerlo a Aldo, a través de una amiga mía que era novia de un amigo de él, me enganché ahí con el peronismo.  Yo en realidad provengo de movimientos cristianos, cuando recién empezábamos a conocer lo que serían los curas tercermundistas.  Nos asombraba cómo se comprometían con los pobres, a través de Helder Cámara, a quien mi padre, como misionero, acompañó durante muchos años.  Cuando mi papá se casó era un hombre ya grande, será que yo, por los libros que había en casa y ese compromiso de mi viejo, por los que no tienen, los sin tierra…Bueno, pero mi militancia era por mi base cristiana, nada más…Y bueno, entro en el peronismo, acompañada de Aldo, que a la vuelta de estar preso, empieza a tener otra visión y a buscar otra cosa.  Decía que ya estudiar no podía, no lo iban a aceptar en ningún lado, entonces, tenía que trabajar.  El padre estaba loco, quería que su hijo siguiera estudiando, que se recibiera de ingeniero naval…Pero mientras estuvieran los milicos no podía entrar en ningún colegio, ya estaba fichado.  Empezó a trabajar, en varios lados, en una empresa de colectivos a los 20 años y en poco tiempo armó una agrupación política, que se une a los cordobeses en el Cordobazo, con Atilio López y toda esa gente.  Y ahí se despega del Comando de Organización, que era donde él había empezado a militar.  Y por eso las Tres A lo tenían como un traidor. Los escuché decirlo cuando lo vinieron a buscar a mi casa.
AM: En esa época también había una confusión con el Comando de Organización, porque se decían peronistas también.  Y estaban Brito Lima, Osinde, Norma Kennedy…
RG: Sí, eran totalmente de derecha, como Guardia de Hierro, que se arma en la época del exilio de Perón, con la resistencia, pero de derecha.
Yo creo más en los movimientos que en los partidos.  Cuando empezás con los partidos a digitar las cosas de arriba, y eso… Yo creo que eso afectó a la gente ahí en Rincón.  Yo no sé si eran peronistas los vecinos, pero sí sé que nos acompañaban. 
AM: yo siempre rescato todo lo que fue la Zona Norte, desde Tigre hasta Vicente López, Boulogne, Villa Adelina, con mucho compromiso social, la juventud, todo.  Y de repente…¡nada!.  Un silencio total, el exterminio total, y de hecho no hay grandes cuadros políticos ahora en la Zona Norte, un dirigente importante.  Y en los ’70 había muchísimos.  Pero no era gente que se quisiera imponer sobre los demás, todos querían colaborar, no sobresalir, sino militar, trabajar por los demás.
S: Una pregunta, Rufi, vos hablás de movimiento.  El peronismo siempre se autodenominó “movimiento”, en el cual convivían desde el Comando de Organización hasta Montoneros.  ¿Es ese el tipo de “movimiento” al que te referís, que agrupa todo un espectro político?
RG: No, los movimientos nacen en la base, y se sustentan a partir de las necesidades de las bases.  Y las resistencias nacen de la base.  Lo que fue la resistencia peronista en ningún momento estuvo acompañada por ninguno de esos sectores de derecha.  A Troxler, Atilio López, los matan las Tres A.  Luego aparecieron los burócratas, toda esa gente que en principio estaban con Perón, pero que a partir del exilio entran en contubernio con el poder económico de turno y empiezan a vestirse con el disfraz de peronista, pero por lo demás disparan para otro lado.  Esta situación fue la que en la etapa nuestra se quiso modificar.  Era cambiar esas estructuras. 
S: ¿Pero siempre desde adentro del peronismo?
RG: Lo que pasa que nuestro pueblo conoció a Perón, y fue siempre muy difícil sacarlo.
S: Pero en algún momento necesitás una estructura de poder, política, para poder llegar a pensar en el gobierno…
RG: Por eso nosotros formamos el Partido Auténtico.  Después de ahí nunca pudimos armar, porque yo creo que la dictadura vino a cumplir una función muy específica, sacar todo lo que los pueda obstaculizar a ellos.  Algo se estaba gestando, por eso había que cortarlo.  Yo creo que el poder económico del país, no es nacionalista, no es que hay una fuerza económica como en otros lugares del mundo, que se mantiene en su país y lo sustenta.  Acá no, nosotros siempre estamos alineados a otros.  Seguimos siendo parte del colonialismo.
AM: Sí, se estaba gestando algo.  Siempre recuerdo lo que decía Graciela de su papá, Mauricio Villalba, que era un radical ferviente y luego cantaba la marchita…
RG: Es cierto, vos sabés que había un librito, en el que unos compañeros cuentan, después de la dictadura, cómo nace la agrupación y los acuerdos que hubo.  El que arma esa agrupación venía de un partido de izquierda, Juan Sosa.  Y después había unos peronistas, otros más troskos, y discutían qué pasaba con los trabajadores.  Porque ellos querían acercarse a ellos.  ¿Cuál era el referente máximo de los trabajadores, en quién pensaban?  En Perón.  Y bueno, este es el tiempo en que nosotros tenemos que ir por ahí.  El compañero este que quería captar a los trabajadores, se encuadra dentro de esto, porque otra opción no quedaba.  Y se forman como JTP, que sería como el ala izquierda del peronismo.
AM: Sí, porque el sindicalismo incluso mandó al muere a bastante compañeros, acá en la zona.  Por eso había que luchar con los de afuera y los de adentro también.  Cuando los compañeros comienzan a armar las agrupaciones gremiales en las fábricas de la zona, los propios sindicalistas se ponen en contra de ellos y entregaban gente.
RG: Sí, fueron cómplices y más todavía, porque ellos se desclasaron.  En vez de defender su clase, se pasaron para el otro lado. 
Bueno, me parece que todo esto que vos hacés, Alfredo, de buscar información y tratar de que todos los que fuimos víctimas directas del terrorismo de estado, tiene una importancia no sólo porque  todo lo que se habla o se dice puede servir para un juicio, sino también para resaltar todo esto que fue parte de la historia que vivimos, y que es ahí donde una va a empezar a hablar, que esos compañeros, realmente, no eran solidarios porque se decían “yo quiero militar y a partir de ahora soy bueno”, sino porque realmente se comprometieron y a ese compromiso le ponían todo.  No sé, yo, por lo menos lo viví así, ese compromiso del cuidado, de la protección y del cariño que uno tenía hacia el otro.  No es una frase, “ocuparse de otro”, sino que el otro era realmente parte de uno.  Era un compromiso con el proyecto que te llevaba naturalmente a ocuparse del otro.
AM: De eso hablábamos el otro día con Tito Ramallo, porque fuimos con él a una escuela de Pacheco, donde le contó a los chicos de secundario cómo eran esos tiempos.  Dice que cuando llegó a la casa los hijos lo vieron muy emocionado, y le preguntaron si no consideraba que eso le podía hacer mal, revivir esas cosas, tanta emoción… Y él les dijo que no, “porque yo estoy vivo gracias a mis compañeros, y quiero dar esto para que ellos también tengan su recuerdo y su memoria a través de mí”.  Y en lo demás concuerdo con vos.  Cuando el otro día declaré en el juicio de la ESMA y al final me preguntaron qué más tenía para decir de mis compañeros, yo dije que lo que más extraño es la sensibilidad que había entre nosotros.  Si no fuera por los compañeros, yo no estaría hablando acá con ustedes.  Por José, por el gordo Paul, que era director de teatro, un tipo conocido que dio todo por nosotros.  Gracias a él teníamos por lo menos un lugar adonde ir a la noche.  Vos te acordás, que juntábamos parejas para poder ir a un hotel alojamiento para dormir a la noche. 

RG: Sí, el tema de la seguridad era muy complicado.  Yo cuando vine acá para Torcuato y José me conoció, yo dije sonamos, me tengo que ir de nuevo.  Porque si te reconocían tenías que cambiar de lugar.  Yo había hablado con el hermano de José, lo llamábamos Hugo, y le pedí que le dijera al hermano que no se le ocurriera contarle a nadie quién era yo, que era la compañera del Gordo La Fabiana.  Le aclaré que ya no era más la compañera, tampoco, que yo andaba por un lado y él por el otro, tuve que armar así una cosa para que tampoco se pensara nada.  Si total estábamos todos así,  medio desarmados.  Y bueno, hasta que se armó el candombe ahí en el barrio también y tuve que salir corriendo de vuelta.  Y en el sindicato de Publicidad, que íbamos a la noche, armábamos las parejas.  Si éramos dos mujeres con mi hija Paula, por ejemplo, nos íbamos a  esos hoteles baratos, por noche, cerca del hospital de niños.  Podías decir que ibas por un tratamiento.  Había un médico con nosotros que nos indicaba qué decir, para qué la traía a Paula.  Estando sola, tenías que esperar a un compañero, porque en esa época en los otros hoteles no te dejaban entrar a dos hombres o dos mujeres.  No había matrimonio igualitario.
AM: Sí, era así, una de las maneras de salvarte durante la noche, era ir a esos lugares.  Tenés que encontrarte con alguien que ha pasado por lo mismo, si no, lo contás y no te lo creen. 
RG: Quería preguntarte, Alfredo, sobre los sobrevivientes de Frigor, ¿se presentaron a declarar?
GV: Lo ideal sería que se presentaran y pudieran decir con quiénes estuvieron presos.  Todos los datos que se aporten sobre ellos ayudarían mucho a los querellantes.  Eso es fundamental para nosotros, conseguir gente que logre ir a testimoniar a los tribunales, ya no tanto contarnos a nosotros.
AM: Ellos fueron a Tribunales hace dos semanas, creo que por la causa del circuito Campo de Mayo, comisarías de Tigre.
GV: Está bien eso, porque después toda la información se cruza, mientras esté disponible en algún juicio.  Nosotras, con Rufi, tenemos el problema de que al no tener una fecha precisa del juicio, es como que no definís bien qué es lo que tenés que hacer, a quién tenés que convocar… Vos programás contactar a alguien, pero si el juicio se pospone otra vez un año, no podés seguir con el plan, porque después pasa mucho tiempo y tenés que empezar todo de nuevo…Sabemos que cuando llegue el momento vamos a estar locas, pero ya te digo, lo fundamental es siempre poder tener testimonios, escuchar a todos los que puedan saber algo, que Rufi, que es la  que más conoce, pueda relacionar los testimonios con otros, y así poder coordinar todo.
RG: Por eso mismo, este trabajo que hacés, Alfredo, me parece importantísimo.  Yo lo he planteado en la Comisión (por la Memoria, de Zona Norte), no es que me duele que yo no haya podido conseguir testimonios, me dolía el rechazo porque yo sentía mucho afecto por el lugar, por la gente con la que había militado en esos años.  Pero aprendí a entender que quizá lo que sentían esas personas cuando yo quería hablarles era que yo estaba, y su familiar no.  O que como a mí me conocían de esa época, yo les refrescaba de una manera muy particular todo lo que habían vivido.  Pero vos sos otra persona, que vas desde otro lugar, a lo mejor con una militancia o del barrio, tal vez los hombres y las mujeres tienen más acercamiento o afinidad a vos, que venís ahora.  No estabas en el momento, es otra persona y yo me puedo abrir a contarte.  A lo mejor, seguro, tendrán críticas, no sé si directamente a mi persona pero sí a los compañeros con los que yo estaba y con los que me relacionan totalmente.  Quizá por haberle pedido la casa para reuniones, pedirles que alojaran a alguien.  En ese momento este tipo de cosas las arreglarían entre los compañeros varones, y quizá la mujer no podía decir nada y se encontraba con la casa llena de gente que no conocía, y eso te crea una cierta incomodidad, vos te aparecés después de todo lo que pasó, te relacionan con eso, y claro, no te quiero ni ver.  Bueno, por todo eso me parece importante esto del archivo.
GV: Claro, porque aparte dejás plasmado todo por escrito.
RG: Y después, con el tiempo, lo ampliemos.
AM: Yo había pensado armar una especie de museo en la sociedad de fomento, me pareció muy loco, pero ahora que vos me lo decís
GV: Nada es loco, Alfredo.  Loco es lo que vivimos en esa época.
AM: Yo lo que quiero resaltar con todo esto es el compromiso militante de los compañeros.  Porque cuando vos nombrás Montoneros, todos piensan que claro, era una organización armada, si no “agarrabas los fierros” te tenías que ir.  Y no era así.  Yo recuerdo a una compañera, que era muy lúcida políticamente, muy formada, y cuando vos llegabas a ese nivel, siempre te decían de pasar a la lucha armada.  Y ella dijo que no, que no se sentía capaz.  Y nadie le reprochó absolutamente nada.  No había ninguna obligación.
RG: La fantasía de la lucha armada es que todo el que militaba, ya era un portador de armas, un guerrillero en potencia, eran todos generales y no había ningún soldado.  Durante todo el tiempo que yo milité, recuerdo que promovían a los compañeros, se hacían reuniones y se evaluaban y te decían, bueno, vos ya estás en condiciones de participar dentro de la organización.  Ahora, estaba la decisión propia, yo siempre asumí el compromiso de la militancia territorial, no la portación de armas.  A  mí me costó mucho por una cuestión mía, cristiana.  Y me criticaban muchísimo.  Yo con lo único que sí acepté fue con la pastilla.  Si bien yo no estaba de acuerdo, dijeron que sí, que había que tenerla.  Bueno, yo la guardé, traté de acordarme siempre de dónde estaba, porque tenía miedo por mi hija.  La tenía en un lugar inaccesible para ella.  Y bueno, en el 78, antes del mundial, recuerdo que yo vivía en José C. Paz, y cerraron todo el barrio, vino el ejército, yo estaba viviendo con quien después fue mi compañero.  Y la tiré por el inodoro.  Llevamos a Paula a un lugar seguro, ella tenía en su camperita siempre un papelito donde decía dónde había que llevarla, por cualquier cosa.  Y los dos tiramos la pastilla, vino el rastrillo, no nos encontró nada porque ya nos habíamos deshecho de todo.  Pero yo le decía al Gordo, yo la agarro porque la tengo que agarrar, pero no esperes que yo la tome.  Y él me decía que con el tiempo me iba a dar cuenta, que es mejor sufrir un dolor de panza que en un rato te morís, y no que lo que te puedan llegar a hacer.  Y era cierto, después cuando escuchabas lo que pasaba, y… Pero no toda la organización participaba de la lucha armada, no toda la gente que estuvo se tuvo que enfrentar eso, es una fantasía esa creencia.  Hubo compañeros que militaban en el territorio y lo único que llevaban era la banderita de Montoneros.  Nada más.  Si hubiésemos sido todos como se piensa realmente, no nos hubieran hecho todo lo que nos hicieron.
AM: Eso es lo que yo veo.  Siempre lo creí así.  Cuando yo lo decía, yo notaba que la gente que no vivió directamente todo eso, pensaba de otra manera.  Y por el otro lado, nadie que hubiera estado mínimamente comprometido, lo decía.  Montoneros era una mala palabra, nadie había militado con ellos.  Hasta que nos encontramos con Rufi, después de tantos años.  Creo que me reconociste cuando fuiste a la sociedad de fomento por el tema de las placas.
RG: Sí, fue allí.  Vos sabés    que siempre me quedó en el pensamiento este compañero, Luis Pérez, que era tan jovencito y nos prestaba su piecita para las reuniones.  Y a veces salía un grupo y entraba otro.  Y esa vez cuando fui y vi que estaba el ejército, pensé en él.  Me acerqué a una casa y me dijeron que me fuera porque estaban levantando gente.  Otra vez encontré a una compañera que era de un grupo que había venido con Mariano: Liliana, Mariano, Fatiga y el responsable era el Tano, no recuerdo el nombre.
AM: Eso es otra cosa: también nos cuesta encontrarnos porque nadie sabía su nombre verdadero.
RG: Yo después lo supe el nombre, pero le decíamos el Gringo.
AM: Esta persona que nos ayudó a nosotros, Paul Rouget, que era el marido de Fernanda Mistral.  Ella tenía dos hijas, una que le decían la China, creo que era la pareja del Gringo que vos decís.  Y de Mariano lo que recuerdo es que una vez lo fuimos a despedir, se iba porque la mujer no aguantaba más la presión, estaba con mucho miedo y decidieron irse.  Del final de esa época eso es lo que recuerdo, las despedidas.  Creo que nunca lloré tanto en mi vida.  

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Mauricio Villalba

Graciela Villalba: Yo tenía 21 años cuando desapareció mi papá, Mauricio Juan Villalba.  Trabajaba en Astilleros Astarsa, tenía 45 años, siempre estuvo en el gremio naval, trabajó en Sánchez y en otro par de astilleros más.  Yo cuando hubo que juntar los papeles de él, empecé a recorrerlos, su actividad fue siempre lo gremial.  La anécdota que siempre se cuenta es que cuando yo nací, mi papá se tenía que presentar en Argentinos Juniors; era la prueba definitiva para que él entrara y justo nací yo.  Mi vieja le decía que vaya igual porque era el futuro de él. Pero como yo fui su primera hija, no quiso ir.  Jugó al fútbol, sí, con compañeros y amigos, pero nunca como profesional.  Y jugaba muy bien, el zurdo le decían.  Hacía todo con la derecha, pero pateaba con  la izquierda.  Rarísimo. 
Mauricio Villalba

Alfredo More: Qué ejemplo de dejar todo por la hija...
GV: Sí, él tenía esas convicciones. Soy su hija mayor, la única que tuvo en su primer matrimonio, mi mamá se llamaba María Ester Martínez.  Después formó otra pareja y tuvo cinco hijos más.  Siempre tuvimos una relación excelente, soy la madrina de mi tercera hermana.  Él me había prometido que yo iba a ser la madrina si era varón, decía que si el primer ahijado de una mujer es varón trae buena suerte.  Fue tan grande mi desilusión cuando nació otra nena, que me dijo si quería serlo igual, y yo por supuesto, acepté.  Y así fue que, en ese momento, con mis hermanos tuve siempre una excelente relación, jamás dije medio hermanos, ni nada de eso.  Un contacto frecuente, total, de hermanos.
Cuando yo tenía 13, 14 años, él era radical.  De los pocos recuerdos que una tiene, me quedó el de un festejo radical: yo estaba en los hombros de él.  Debe haber sido, si yo nací en el 54, algo que haya pasado en el 60/62, la asunción de Illia, supongo.  Esa imagen me quedó grabada.  Bueno, en el 73 despiden a un conjunto de trabajadores, entre ellos a mi papá.  El 23 de junio de 1973 se hace la toma de Astarsa, cuando fallece Jose María Alessio, por un accidente laboral.  Y dentro del reclamo por mayor seguridad en el trabajo, los compañeros incluyen la reincorporación de todos los despedidos.  Mi papá no estaba ahí ese día porque justo nació uno de mis hermanos.  A partir de que a él lo reincorporan, cambió su pensamiento, yo no lo veía tan radical, lo notaba bastante peroncho.  Cantaba las canciones, todo, a mí me asombraba.  En un momento yo le pregunté por qué ese cambio, y él me contestó. “Es un agradecimiento hacia mis compañeros, yo, con cinco hijos, con lo que necesito trabajar, que ellos hayan luchado para que me reincorporan, yo hasta con la vida voy a devolver este gesto que han tenido mis compañeros”.  Y en realidad todos dieron la vida.  No sólo los agradecidos o a los reincorporados. 
Graciela Villalba, su hija

La lucha que termina con la toma comenzó porque habían fallecido ya varios obreros en Astarsa.  Alessio, el último fallecido, muere quemado en el fondo de un barco que se estaba construyendo.  Estaba muy abajo, no tenían siquiera con qué sacarlo del barco.  Ahí es donde se levantan, no más muertes, crearon una comisión obrera de seguridad e higiene.    De esa lucha también surge la agrupación gremial José María Alessio, en ella militó la mayoría de los que serían desaparecidos en el 76.  Tenemos un video que muestra la toma.  La mayoría de los que están hablando ahí están desaparecidos, está el tanitoMastinú, a quien su hijo ve por primera vez en movimiento, hablando, en ese video.  Nosotros lo conseguimos ahora, es un video de descarte del noticiero de canal 9 que nunca dejaron emitir. 
Bueno, mi papá reingresa y comienza a trabajar con la agrupación gremial.  También, a medida que se fueron desarrollando las cosas, fue colaborador de los chicos de la JTP.  Militaban dentro y fuera
de Astarsa.  De esa época recuerdo a los hermanos Vivanco, uruguayos, que estaban amenazados, los habían refugiado en una casa acá en Canal.  Obvio que la familia no sabía dónde estaban, yo me enteré porque una noche fui a visitarlo a mi papá y cuando me volvía me acompañó porque tenía que pasar a ver cómo estaban los Vivanco.  Me pidió que no dijera nada de eso.
Mi papá tenía un auto viejo, y ahora me entero de que en ese momento los compañeros le habían comprado un rastrojero, le estaban haciendo el doble fondo para que él pudiera llevar cosas abajo y arriba era como si fuera un flete.  El coche de él ya estaba re-visto, aparte era tan viejo que a 20 cuadras ya sabían, “ahí viene Mauricio”. 
Bueno, luego de eso en febrero de 1976 asesinan a Echeverría, Huesito Cabrera y a Casariego.  Yo tengo una duda, porque no recuerdo bien, me parece que no sé si era por ellos o por otro muchacho que matan, que era correntino, que mi papá viaja a Corrientes para llevar el cuerpo.  Tengo que confirmar por quién había viajado.  Para mí que era Huesito.  Recuerdo que fue en febrero porque era la época de carnavales cuando viajó.  En dos días fueron y volvieron. 
Y llegó el 24 de marzo, eso fue re loco, porque yo cumplo años el 23 de marzo.  O sea que esa noche nos reunimos en mi casa, papá no había venido, estábamos con mis amigos.  Obvio que con el festejo no se escuchó radio ni se miró televisión.  Me fui a dormir y me levanté para ir a trabajar.  Cuando salí era raro, no había un alma en la calle.  Esperé y esperé el colectivo.  Yo estaba preocupada porque mis patrones eran unos verdugos bárbaros y estaba llegando tarde.  No pasaba el tren, nada.  En una de esas me vuelvo, llamo por teléfono a mi trabajo para avisar que no conseguía transporte y ahí me dicen “no, Graciela, no anda nada, ¿no te enteraste de que hubo un golpe de estado?”  Ese día mi papá va a trabajar, lo dejan pasar.  Pero ya en la puerta de entrada de Astarsa ya estaban los milicos, con el listado de los trabajadores que tenían que levantar, hasta sus fotos tenían.  El listado había sido provisto por la patronal.  Mi viejo va con ese coche viejo y lo estaciona de la manera como lo hacía siempre, se le acerca un custodio y le dice que así no lo podía dejar, hace que lo ubique de otra manera.  Al otro día, deja el auto como le habían dicho el día anterior, vienen y le dicen que así no iba, que lo ponga asá.  Lo estaban provocando.  Y mi papá era bastante calentón.  No sé cómo se aguantó.  Y al tercer día ya no lo dejan ingresar. Tiempo más tarde  llega un telegrama a la casa con el despido.  Yo me acuerdo que él fue a hacer el trámite junto con Livio Garay, que le decían el Guerri, que era muy amigo  de mi papá, como un hijo para él.  Los dos  habían recibido el telegrama de despido.
Después del telegrama ya no los habían dejado ingresar más al astillero.  Supongo que los compañeros lo habrán ayudado con plata, porque jamás pudieron cobrar la  indemnización.  Había puesto en la casa una especie de granja, un gallinero grande, se mantenían con eso.  Después supe que lo habían ayudado porque él solo no lo hubiera podido armar eso. En esos meses nos enteramos que había algunos chicos que se los llevaron de Astarsa y de otros lados, pero en ese momento estabas con la cabeza en otro lado, al principio ni se te ocurría que iba a pasar todo lo que pasó, que te iba a tocar a vos.
Al Guerri se lo llevan el 21 de mayo del 76.  Y a mi papá el 25 de mayo.  Hacía poquito que yo me había casado, la noche anterior me había ido a acostar contenta porque al día siguiente podía descansar, yo trabajaba en Florida.  A eso de las cuatro de la mañana escucho que golpean la puerta, era mi tío, el hermano de mi papá.  Cuando golpean a esas horas, no es nada bueno lo que te van a decir.  “Vengo a buscarte porque se lo llevaron a tu papá”, dice mi tío.
Teníamos que caminar unas cinco cuadras, más o menos, para tomar el colectivo.  Era una madrugada con mucha niebla, no veías nada, parecía una película de terror.  Mi papá vivía en la calle 26, en Virreyes, en ese entonces no estaba como ahora, las calles asfaltadas y todo eso.  O sea que para llegar ahí… Bueno, lo que me contaron fue que escucharon golpes, que tiraron la puerta abajo, entraron por atrás también; la casa estaba bien marcada porque sabían que se podía ingresar por el fondo.  Estaba mi papá con la familia y una amiga de su esposa, que se había quedado de casualidad.  Ella estaba durmiendo en el comedor; la levantaron de los pelos pensando que era un compañero y se dieron cuenta de que se trataba de una mujer.  A ella y a la esposa de mi papá las encerraron en una habitación y les dijeron que se taparan la cara con las sábanas.  Pero los chicos, mis hermanos, sí vieron todo.  Así se lo llevaron.
La mañana del 25 de mayo fuimos hasta el destacamento Otero a hacer la denuncia, que por supuesto no tomaron.  Como nos llegó información de que algunos pasaban por la comisaría de Tigre, fuimos para allá.  Allí vimos uno de los coches que usó la patota para llevárselo, en el cual vimos que estaba un cinturón que mi papá usaba para ir a cazar, algo que a él le gustaba mucho.  Entonces supusimos que estaba ahí, pero lo negaron también.  Luego, como era feriado, no pudimos hacer más, yo me fui a la tarde a la casa de Bety Garay, la esposa de Livio, el Guerri, a preguntarle qué era lo que ella había hecho, ya que su marido había desaparecido cuatro días antes.  Ella me habló de hacer los hábeas corpus, así que hice uno al otro día, en San Martín y otro en San Isidro.    No obtuvimos ningún resultado, no sabíamos qué hacer, como nadie lo sabía en ese momento.  No podías hacer denuncias, el hábeas corpus no servía para nada, así que en todo ese tiempo esperábamos, a ver qué podíamos hacer, hasta que vino a verme la señora de Hugo Rivas, que también está desaparecido, Olga.  Con ella empezamos una búsqueda más grande.  Hasta en Campo de Mayo nos metimos, fuimos a Devoto, porque decían que había navales ahí, pero eran los dos uruguayos, que los pasaron enseguida a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, por ser extranjeros, se cuidaban un poco en eso. Uno de ellos se quito la vida al poco tiempo .  También averiguamos en la Cruz Roja Internacional, a los Derechos Humanos, al edificio Libertad, donde estaba el monseñor Graselli.  A él había que dejarle los datos y volver a los diez días.  Cuando volvimos, a mí me dijo directamente, “no lo busques más, porque ya no está”.  A Olga la citó otra vez para diez días más tarde, pero tampoco le dio noticias.  En ese momento no tenías conciencia de que la Iglesia también estaba involucrada y ocultando toda esa información.  Había lugares donde nos hacían volver, pero nunca tuvimos una respuesta.
Un día, mirando televisión, aparece un cura diciendo que en Balcarce 50 iban a dar información de los desaparecidos.  Primero vos ibas y te daban un número y el turno.  Al final daban solamente 15 números, o sea que teníamos que pasar la noche ahí para conseguir uno.  El resultado, como siempre, el mismo: nada.
Yo calculo que fue a fines de junio del 76, el día 20 o 22, aparece un hombre en la casa de mi papá.  Nos dijo que había estado detenido, lo habían agarrado en la calle, borracho, y lo habían llevado a la comisaría de Garín, para que la limpiara mientras se le pasaba la borrachera.  Dijo que venía en nombre de Mauricio Villalba y nos da un montón de datos: los apodos de mis hermanos, quiénes eran los vecinos de enfrente.  Todo como para que le creyéramos que había estado con mi papá.  Nos dijo: “te voy a decir lo que él me comentó, que vendas la heladera comercial que tenés ahí por si es necesario que contrates un abogado”.  Y era verdad, la heladera no se veía.  Ahí supimos que estaba en Garín, que nos movamos con mucha cautela, que si podíamos contratar un abogado mejor, para no exponernos nosotros.  Además, que tengamos cuidado, porque atrás de todo eso estaba un tal Patti, que era un hijo de puta.  A raíz de todo esto, al día de hoy, mi hermano, que hoy tiene 47 años, siempre dijo que si él viera fotos de los que entraron a su casa esa noche, los reconocería.  Cuando yo les avisé a todos que iba a ser querellante en el juicio, me llamó por teléfono y me comentó “¿Viste Gra que yo siempre te dije que si yo los veía los iba a reconocer? Cuando me comentaste lo de Patti vine y me puse a ver fotos de él.  Es uno de los que estuvo esa noche”.  Y también estuvo en la casa de Bety Garay, o sea que todo está relacionado ¿no?  El se movía en toda la zona, Garín, Maschwitz, Escobar.  En definitiva, mi hermano lo reconoce, pero no quiere ir a declarar.  Es una macana. 
Bueno, juntamos plata para ir a ver un abogado en San Isidro. Justamente cuando  hicieron un homenaje a unos compañeros sobrevivientes, que se llevaron de los tribunales de San Isidro, entregados por el mismo juez, ellos mencionan a este abogado que fui a ver, Rodolfo Gutiérrez.  Un tipazo.  Primero averiguó unas cosas él y después me mandó a mí para Garín, para ver qué me decían aproximadamente el 23 o 24 de junio, mientras él seguía con sus contactos en San Isidro y Garin. Entré a la comisaría y estoy segurísima que el que estaba sentado era Patti, esas caras no se olvidan fácilmente.  Leía el diario.  El policía que me atendió se acerca y le dice “Jefe, acá la señora dice que acá está detenido Mauricio Villalba”.  Patti pidió el cuaderno, se fijó y dijo que no, que no tenía a nadie con ese nombre.  Pero insistió en que pase a mirar.  Yo justo estaba con la señora de mi papá, le dije que ella se quedara afuera, por las dudas, por si yo no salía en un tiempo prudencial.  Bueno, pasé y me mostraron un pasillito de lejos, donde había unas celdas y algunos presos se asomaron, pero no pude distinguir nada, me sacaron enseguida. 
Luego de esto, voy  al estudio de Rodolfo Gutiérrez aproximadamente el 26 o 27 de junio para informarle cómo me había ido; me aseguró que mi papá estaba en Garín, por lo que había podido averiguar, así que me dijo que él mismo iba a ir allá para confirmarlo; y me citó para el miércoles siguiente para combinar cómo seguíamos.  Cuando fui el miércoles, el estudio estaba cerrado.  Volví el viernes, cerrado.  Empecé a ir una vez por semana, y nada.  Después me enteré de que él también había desaparecido paralelamente a la fecha del asesinato de mi papá.  El mismo Patti lo perseguía, así como el juez Dillon, que es quien nos firmó a todos los hábeas corpus, también la entrega del cuerpo de mi padre la firmó él.  Sabía un montón de cosas.  Me dijeron que ya murió, así que… con ese no vamos a poder hacer nada…
AM: Vos sabés que yo también lo conocí a Gutiérrez.  Cuando yo quedé detenido en Devoto, mi hermano lo contacta a él.  Cuando me traen a provincia, me hacen firmar que me asignaban un abogado de pobres y ausentes porque su abogado “no está más”.  ¿Cómo no está más?, pregunté.  No sé lo que le pasó me contestaron, pero no está  más, así que la justicia le designa uno.
GV:A Gutiérrez se lo llevan dos veces, la primera se escapó.  Me parece que se lo habían llevado a La Plata.  Y creo que es Patti quien lo recaptura en San Martín y de ahí desaparece definitivamente.  Dicen que de la primera vez, encima que él era flaquito, había vuelto hecho un esqueleto. 
Bueno, ahí ya no sabíamos qué hacer: no teníamos abogado, nada.  Seguimos buscando, yendo al ministerio del Interior, en todos los lados donde se pudiera ir, siempre con Olga, las dos solas, no teníamos contacto con las Madres o los familiares.  En enero del 77, recibo la primera citación del Destacamento Otero.  Fui, recuerdo que hacía mucho calor, me tuvieron desde las 12 del mediodía hasta las cinco de la tarde, sentada ahí.  Ellos comiendo asado, en short, con la pistola en la cintura.  Yo les preguntaba si me iban a atender, me contestaban que sí, que esperara ahí, no me podía ir ni siquiera por un rato.  El motivo por el que había sido convocada era para hacer formalmente la denuncia.  La hice.  A los días, me vuelven a citar otra vez para preguntarme si mi papá tenía señas particulares, cuáles eran.  Una tercera vez para que informe cómo estaba vestido la noche de la detención.  Fui tantas veces y era tanto el tiempo que me tenían cada vez, que la verdad ya estaba cansada.  Hasta que el 28 de abril de 77, cuando me llamaron para ir otra vez, les dije que no iba.  Me contestaron que me iban a venir a buscar a la fuerza. 
Fuimos.  Nos atendió un oficial, Cabrera de nombre.  La verdad, no sé si habrá tenido un poco de consideración, no fue tan cruel para darme la noticia.  Me habló un rato largo, me preguntó si sabía la situación del país, que a veces las noticias no eran muy agradables, que quizá había que esperar lo peor.  Yo le contesté que no, que mientras hay vida hay esperanza, y así.  Al final, me dijo que me tenía que decir que mi papá había aparecido.  Bueno.  Yo pensé que la noticia no podía ser muy buena.  Me dijo que habían encontrado su cadáver.  Ahí yo agarré la carpeta, la abrí, miré la foto, negué que fuera mi viejo.  Durante años cerraba los ojos y tenía la foto ahí adelante.  Estaba pelado, producto del agua, porque había estado sumergido; los peces le habían comido parte de las orejas; se veía una herida en el pecho.   Pero más que nada fue negar.  Cuando di vuelta la hoja, lo vi de cuerpo entero; a pesar de que estaba hinchado y todo, digamos que me di cuenta de que era él.  Aunque parezca loco, mi reconocimiento fue por las manos.  Se las cortaron y las enviaron a La Plata, yo las vi en un frasco.  Teníamos las manos iguales él y yo, siempre nos reíamos por eso.  Y por las manos lo reconocí.  Mientras tanto, yo me mantenía fuerte con mi negación.  El oficial me dijo si quería llamar a alguien, lo hice.  Me comuniqué con mi prima, “Moni, apareció mi papá”.  Claro, yo lo dije así, empezaron a los gritos, contentos.  Cuando la tuve que parar y decirle “Apareció, pero muerto”, fue donde tomé conciencia.  No pude hacer nada más, salí y me fui a la casa de Olga, con quien nos habíamos hecho muy amigas, con todo lo compartido en la búsqueda.  Teníamos una conexión muy especial.  Cuando entré a su casa, la escena la recuerdo como si fuera ahora, y hace 36 años de esto.  Yo llegué, entré por el patio, la llamo, me dice que pase.  Veo a sus dos hijas, que son gemelas, jugando en el piso; ella poniéndole los ruleros a su madre; y cuando cruzamos las miradas, bajó los brazos, agarró la bolsa de los ruleros y la estrelló contra la pared.  Y les dijo  a las nenas que se fueran.  Mi papá había sido compañero de trabajo del suyo; siempre preguntaba por él.  
Al otro día tuvimos que volver a la comisaría, reconocí que se trataba de mi papá.  Nos indicaron en qué parte del cementerio estaba y hacia allí nos dirigimos.  A los NN los enterraban en el medio de la basura, la verdad que nos tiramos en el piso y comenzamos a sacar la basura que tapaba las tumbas; nos daba vergüenza que fueran tan inhumanos.  Aparte que había tres por sepultura.  Todo lo que es el paredón del cementerio, a la derecha, todos NN enterrados.  Estaban en cajones.  Algunos sostienen que en la misma sepultura de papi estaba el hijo de Juan Gelman.
Tuvimos que empezar una serie de trámites, para sacarlo de ahí, para que deje de ser NN.  Hay varios errores, en vez de Mauricio Juan anotaron Juan Mauricio, para la justicia no era la misma persona.  Finalmente en mayo del 77 obtengo la autorización para sacarlo de ahí y llevarlo a la sepultura familiar.
En 2003 fallece mi tía y en el cementerio me dicen que tengo que reducir el cuerpo de mi papá y de mi tío.  Me preguntaron de qué había fallecido y les digo que lo habían matado.  Claro, me dicen, de un tiro en la cabeza.  No, digo yo, no tengo entendido eso.  Me muestran el cráneo con un agujero de bala.  Y a mí me quedó la duda.  Cuando empiezo a preparar todo para mi presentación como querellante, le comento a Pablo Llonto, con quien preparamos todo, que tenía esa duda respecto de la forma en que había muerto.  Pablo recomendó pedir al Juzgado de San Martín que ordene la exhumación para que el EAAF tome una muestra y la analice, así yo me quedaba tranquila.  Así lo hicimos.  Un día me llama Maco (Somigliana, del EEAF) por teléfono, recuerdo que yo estaba sola, y me dice “Graciela, no sé cómo decirte, pero no es de tu viejo el cuerpo que te dieron”.  Treinta y cinco años después.  Llevándole flores, para el día del padre, el aniversario de la muerte, del secuestro, cumpleaños…Es más, cuando iba a las reuniones, a mí como que hasta me daba cosa el hecho de que yo tuviera el cuerpo de mi papá.  A veces yo decía que yo tenía la “suerte” de haber recuperado el cuerpo.  Ahora siento la sensación que tienen todos los demás.  Yo pensaba que era terrible, ver a esas madres tirando flores en el río porque no saben dónde está su hijo.  Pero después de tantos años, te aseguro que es más terrible.  Te vuelve hasta a avivar la bronca, con qué necesidad, si ya estaba muerto.  No sé si a mí me entregaron ese cuerpo por alguna razón.  Quizá como yo no era militante, habrán pensado que lo dejaría ahí toda la vida y quedaría que ese es Mauricio Villalba. 
Pero no solamente eso.  En la sepultura tenía que haber seis cuerpos: en una urna estaban mis abuelos, mi tío y mi papá a los que también nos hicieron poner en una urna, cuando mueren mi tía y mi mamá.  O sea, seis en total.  Se llevaron el desconocido, y me quedan ahora cuatro cuerpos.  Maco tampoco entiende nada. 
María José: Las dudas surgen en 2003, cuando muere la tía.  En 2009, cuando se plantea la duda por el agujero en el cráneo de mi supuesto abuelo, Maco saca la  primera muestra.  En 2012, cuando se abre de nuevo, no estaba más el cráneo.
GV: En realidad no saben qué decirme, si alguien del cementerio los sacó, qué pasó.  Maco tampoco entiende el por qué ni cuándo pudo haber pasado eso.  Mi duda surge cuando me muestran ese cráneo, por suerte estaba mi hija conmigo.
María José: Claro, porque fallece mi tía abuela y fuimos nosotras porque nos dijeron que teníamos que lavar los huesos.  Uno del personal del cementerio se puso a charlar con mi mamá.  Esa persona hacía mucho que trabajaba en el lugar, incluso desde la dictadura.  Yo me pregunto si el comentario no  se lo hizo a propósito, como para hacerle notar eso.  Y quedó la duda.  En 2009, cuando va Maco, se lleva la muestra y ese cráneo estaba.  Y este año, no.  Cualquiera que tenga acceso puede abrir la tumba, vos levantás la tapa y las urnas están ahí, nomás.  Quienes están todavía en cajón son mi tía y mi abuela, pero las urnas estaba como arriba, totalmente  accesibles.  No es difícil.
GV: Es así.  Ahora, cuál es la intención, tampoco lo podés saber.  Porque aunque yo tuviera ahí el cuerpo de un desconocido creyendo que era mi padre, luego de retirado ese cuerpo, deberían haber quedado seis, y había cinco.  Y lo sacaron después de que fuera Maco, porque él vio dos en tierra y dos en cada urna.  Tal vez sacaron el cráneo y partes de algún otro, en algún momento vamos a tener que verlo bien, yo quiero hacer alguna denuncia, me parece que no es algo como para dejarlo así.  Aunque quede en la nada, bueno, pero que se asusten los del cementerio, que quizá pensaron que jamás se iba a descubrir esto.
Volviendo al relato de aquella época, una vez que lo enterré a mi papá, yo di por finalizada la búsqueda y todo.  Como que metí dentro de un frasco, pedí que me taparan, y ya está.  Yo podía ir al cementerio, lo había encontrado, yo era una “privilegiada”, dentro de la desgracia.Después, bueno, por la familia empezás a salir, a tener que seguir haciendo cosas.  De todo lo que pasó quedan secuelas, que van saliendo.  Una de mis hermanas y yo estamos en terapia, bastante bien las dos.  De mis hermanos, los dos más chicos no tienen registro de papá.  El más chiquito tenía un años y medio y el otro tres, cuando se lo llevaron.  Las mujeres tenían 11, casi 10 y casi 9.  Yo tenía 22, recién me había casado en agosto del 75.  Recuerdo que una semana antes de que lo detuvieran yo le comenté que tenía la sospecha de estar embarazada y él se miraba en el espejo y comentaba “No, soy muy joven para ser abuelo”.  Me contaron que la noche del 24 de mayo, dijo que se iba a afeitar, porque esa iba a ser una gran noche para él.  Cómo es la vida, cómo vos pensás una cosa y después la realidad te lleva para otro lado totalmente distinto.
Al principio, a pesar de haber visto la foto de mi papá muerto, igualmente lo esperaba.  Una vez me fui a Necochea, yo iba mirando constantemente por la ruta, porque a mí se me figuraba que lo iba a encontrar en algún momento, que quizá había perdido la memoria por tanta tortura. 
Una cosa que me está pasando mucho últimamente es la manera en que al hablar con distintas personas, como recién nos pasó con Alfredo por Gutiérrez, van surgiendo cosas, coincidencias, se van armando las historias, constantemente vas reconstruyendo, siempre.
AM: Lo que vamos viendo, a medida que van pasando las entrevistas, es cómo los tipos destruyeron las familias.
GV: Fue así, y los coletazos que todavía hay!  Date cuenta que mi hermano, que tiene semejante información, que lo vio a Patti en su casa, y que no lo quiera decir en un juzgado, a mí me mata eso, por momentos me enoja, otros me amarga.  Yo no sé por qué.  También te da bronca, porque ahora están por cobrar una reparación y la misma historia que cuentan ahí es la que tendrían que contar en el tribunal.  Ellos tienen derecho a cobrarla por haber estado presentes en el momento del secuestro del papá.  Va lento, porque empezaron a fines de 2009 y recién han llegado los papeles a los dos más grandes y están a punto de  cobrar.
AM: Lo que vos nombrás de la reparación, me parece bien.  No sé si lo merecen, pero me parece que es un derecho por lo menos.
GV: Sí, seguro.  Por eso a veces me da bronca, porque es una información valiosísima, una cosa es que yo diga mi hermano me contó que vio a tal y cual, y otra muy distinta que lo diga directamente él.  A veces tengo ganas de decirle a Pablo que lo citen igual!
AM: La semana pasada fue Fernando, el hijo de Mónica y Rubén Almirón, a testificar en el juicio de la ESMA.  Contaba que a partir de 2006 recién supo quién era su padre, porque incluso la madre le hablaba mal de él.  Estaba resentida con Rubén, no entendió lo que pasaba en un principio, luego se quedó encerrada como 12 años, así que menos entendió.  Ahora Fernando está tratando de recobrar todo el tiempo perdido, pero igual es muy difícil.  A Mónica la secuestran a los 15 años junto con su hermana Patricia, de 13; cuando volvieron, la madre las trataba mal, las culpaba por la detención.  Cuando las secuestran, en el barrio San Jorge, detienen también a dos flacos más.  Y Mónica hizo pareja con uno de ellos.
María José: Una de las hermanas de mi mamá, con las que no tenemos trato, lleva a su hija al instituto donde yo enseño inglés, yo le tuve que informar de todo e hizo como que no me conocía.  Mi prima hermana, es de hecho alumna mía, pero no lo sabe.  Desde 2010 que va a las clases;  a mí me da cosa encararla, tiene como 16 años.
GV: Sí, es rarísimo, el otro día yo venía sentada detrás de ella en el colectivo, y no sabe que soy la tía.
Yo fui a un montón de actividades de la comisión por la memoria y nunca decía que era la hija de Mauricio Villalba.  Una vez en Canal se me dio por decir, y de ahí en más Rufi empezó a invitarme a las reuniones, pero por problemas de trabajo, yo hacía horarios rotativos, no pude mantener una continuidad.  Después, cuando empecé a cuidar a mi sobrino para que mi hermana pudiera trabajar, empecé a ir.  Yo comentaba que a través de toda esta terrible experiencia, a mí me angustiaba mucho lo que había pasado con el después.
Nosotros nos reencontramos con Facundo, que es el hijo de una pareja con la que yo hice el curso prematrimonial.  Un día yo estaba en el cementerio y veo que llega un cortejo fúnebre; me quedé mirando porque era impresionante la cantidad de gente, además, llevaban dos ataúdes juntos.  Me extrañó mucho eso, nunca lo había visto; se me dio por mirar dónde los ponían.  Una vez lo recordé y fui a ver quiénes eran: me encuentro con que se trataba de  la parejita esta.  Ellos se habían casado primero, a las dos semanas me casé yo.  Los encontraron entre ocho personas que aparecieron en una playa de estacionamiento en Capital, los habían fusilado.  Al abuelo de Facundo lo llevan para reconocer al yerno y a la primera que descubre es a la hija.  Acribillados los dos.  Después de muchos años lo buscan a Facundo, se enteraban de que andaba mal, pero nadie lo podía encontrar.  Resulta que vivió años a la vuelta de la casa de Chacho, que era el que más lo buscaba.  Cuando lo fueron a ver le preguntaron si estaba Facundo Rojas y él respondió “mi hermano no está”, no sabía quiénes lo buscaban.  La cuestión que un día apareció en la Comisión.  Contó que cuando van a llevarse a la mamá de la casa, allí estaba Gallito, que había ido a avisar que se fueran porque estaban rastrillando la zona.  El ve cuando la madre envuelve a Facundo y lo pone debajo de la cama.  Como el papá no estaba, no estuvieron mucho tiempo. A Gallito le pegaron mal, pero lo dejaron, tenía 16 años, les dijo que estaba ahí de casualidad, que era monaguillo de la iglesia. Fue corto el operativo, pero a la chica se la llevaron.  Gallito lo saca de debajo de la cama y justo venía la abuela que vivía enfrente y él le entrega al nene.  O sea que en la comisión se reencuentran los dos.  La versión que a Facundo le contaron los abuelos fue que los padres habían muerto en un accidente de tránsito.  No conocía a sus padres, no tenía una foto.  Los conoció en la Comisión, que empezó toda una búsqueda de querer saber, andaba atrás de una mujer que vivía enfrente de la casa de donde se llevaron a la mamá.  Le contó que la abuela estaba por quemar las fotos y la mujer se las pidió  y las guardó.  Facundo la localiza hará unos tres años, en Grand Bourg.  Cuando fue a verla, llamó y salió una señora viejita que le dijo “A vos te estaba esperando”.  Le entregó un sobre lleno de fotos, cartas, boletas de cosas que habían comprado, telegramas que les habían mandado a los padres cuando se fueron de luna de miel.  A los quince días, Facundo llama porque quería ir a verla nuevamente, pero la señora ya había fallecido.  Parece que esperó hasta que él la encontrara.  Yo sé que atrás de cada caso, en cada familia, algo pasó y sigue pasando.  No podés vivir tantos años con mentiras.  A mis hermanos la esposa de mi papá les dijo que él había muerto quemado con agua hirviendo.  En la casa de él, la madre de ellos se había juntado con otro hombre y de mi papá no se pudo hablar más.  Los chicos no preguntaban, no tenían registro del padre, nada.  Esto está pasando en muchos lugares.  Porque con el tema de la memoria se reivindica a los que son más conocidos, pero hay obreros, trabajadores que están desaparecidos y tal vez la familia que quedó no lo sabe.  Quizá el que estaba más comprometido, que militaba más, sabía qué tenía que hacer, pero nosotros, que no militábamos no sabíamos para dónde disparar.  La señora del Guerri, a quien yo voy a ver el 26 de mayo, la levantaron también.  Ella había luchado mucho por quedar embarazada, y quedó justo en esos meses; al final lo perdió por tanta tortura.  Livio Garay, Luis Venencio, Hugo Rivas, Martín Mastinú, los de Astarsa.  Carbonilla (Jorge Lescano) era de Astarsa también.  Mi papá era un obrero, el no escribía, no iba a la facultad, pero su destino fue igual al de los demás, lo que quiero decir es que él luchaba por lo mismo que el periodista, el médico y todos.
El trabajaba en Astarsa, no era delegado ni nada.  Cuando lo despiden y luego de la lucha de sus compañeros por su reincorporación, comienza a militar, después del 73, como adherente.  Bah, más que adherente, era un cuadro de confianza.
Había mucha interna en el gremio naval, su agrupación había ganado una elección que la burocracia sindical se las robó, había mucho enfrentamiento con el gremio; no fue otro que la patota que lo dirigía, junto con la patronal, la que los entregó a todos ellos.
Después de tanta lucha espero ansiosa el juicio de Navales. Ha sido un camino muy largo y lleno de dolor. Pero sin dudas siento la fuerza y al amor que mi papá me brindo cada día de mi vida hasta que se lo llevaron. Espero que el juicio sea reparador y después de tantos años de injusticia finalmente los culpables de tanto horror estén en la cárcel hasta el último día de sus vidas. A mi papá nadie me lo va a devolver pero ojalá que él pueda finalmente descansar en paz. El tiempo dirá cuando nos reencontraremos y poder darnos ese abrazo tan ansiado. Por otra parte, mi cuenta pendiente es lograr que todos los hijos de los compañeros desaparecidos sean reconocidos y reparados de la misma manera.  Esta es la tarea que empezaremos junto con otros hijos luchando siempre por la igualdad que nuestros padres tanto desearon.
  
                    
Astarsa